26.2.08

cuadernito de viaje a chile. hoja 23

Una historia verdadera.
Enzo Pérez creía que los kiwis eran rocas ablandadas. Hasta los 18 parece que creyó. La madre le decía: -Enzo, andá hasta el Mapocho, pero no te métas; traéme las piedras más blandas que encuentres asi vamos juntando para el año que viene-. Y los compañeros de la escuela: - Enzóperez, si estuvieras en la caverna de Platón ¿creerías en las sombras de las piedras, o en los frutos que dan las flores cuando mueren?-. Él no entendía.
Enzo Pérez robaba flores en la Avenida Rancagua y en la Avenida Seminario. Daba toda na vuelta absurda para desembocar nuevamente en Providencia. Hacía que iba al río, a elegir las piedras más blandas, pero nomás vitrineaba negocios y juntaba girasoles municipales. A dos cuadras de la casa paraba en un puesto de calle, y preguntaba el precio del kiwi. Llegaba a la hora de tomar las Once y le decía a la madre que las piedras estaban muy duras, que él no se sentía capaz de volverlas fruta.
canciones no grabadas pueden ser piedras en el corazón

19.2.08

Pusimos las manos en el fuego y no nos quemamos

¡Hola! què linda està la ciudad cuando no trabajo ya! nunca màs ocho hs por diaaaaaaaa! Hasta el sudor y las ampollas de patear son saludables. fFrecuento locutorios, frios laboratorio, sanguches de salame, niñas peruana prodigio, a mi diestra, murmuran a sus madres cuentas y problemas compuestos simples. y mañana, Funes, the First, organiza una de sus cosas del Bien. Llevaremos lo que tenemos al templo d ela brocha gorda y el amor de barrio, futuro club de redes donde lo justo es duro,y donde los caños se pinchan y se curan solos, bautizando la nueva era, que no es la de acuario, sino la de hordas y hordas Trabajando. En este momento. No para ud, sino para sì.
Del sí al trabajo, y del trabajo, a la masa.

12.2.08

En casa de Bocho

corta el cuchillo de palo
.
Cuánto que cuánto te falta, Ferrero, para responder
de qué duelo o qué crema está hecho el consuelo.

Sangrás por la ranurita que el verano te hace creer brote.
Te indispone la magia y te indispone el almuerzo mal pago.

Te venías acostumbrando a la risa de balcón, y ahora
que tenés la carcajada bailando en un diente,
a la pobre, mojadita, le cuesta tirarse.

No sabés para dónde vas, pero si te vas otra vez antes de cantar victoria,
no se te va acurar la garganta
... esa ropa guardada eternamente para El fiestón que no llega.

Hacéte una casa de herrero donde los cuchillos de palo la rompen.