12.7.05

Alejandra Garcia Di Giorgio

Ah, qué alegría perder la noción comprando libros!! una vez cada muerte de tio, eh!

Siempre que uso la VISA asocio una imagen de mi misma a la de un consumidor de indumentaria –cualquier cosa sea la que compre-; un Lacan gozoso con tapado de visón verdadero, un minuto de despecho capitalista al que sucede como lección triste, indefectiblemente, descubrir alguna falla de encuadernación de Justo nuestro libro: El Gaucho insufrible de Bolaño, Anagrama, vino tan mal plegado.......... un Arrebato de Lol V. Stein y un Cómo me hice monja.

Y por último, para mi amigaderulo, un extraño animal perdido en la campiña uruguaya, per se noble en su halo montevideano, menos dark y arrastrada que Pizarnik y menos libertina que Lorca: Los Papeles Salvajes, de la anacrónica, zapalla y suave Marosa.


¨No me recuerdes nada.
Déjame que olvide la casa de piedra entre las flores.
Oh, qué bien recuerdo aquel verano y su trigal de estrellas,
la luna manejando la marea del trigal, el viento
que mueve levemente los trigos de la luna.
Y aquel guayabo príncipe de jardines, de las orillas
de la casa, sus guayabas rojas, sus loros pequeñísimos,
sus tenebrosos huevos de colores.
Déjame sola.
Aparta tu mirada del guayabo.
No me recuerdas nada.
Márchate hacia el Sur con tus estampas.¨


(poema 62 de Clavel y Tenebrario, 1979)


Engolosinada ya de tanto candor frugal y flagelo poético ( sabemos lo bien que engaña tal tejido ), vuelvo a caer en la cita a causa del nervio que nos toca con ese amor hacia LO Abuela, leo:


¨En el aire oscuro empieza a brillar la abuela que siempre me amó; me peina, me sirve café, dulce de zapallo (como vidrio de oro donde vi por vez primera su imagen, el ámbito donde despliega toda su vida, el panal que se construye). Me alcanza el vestido, la capota, carga mis libros, va delante de mí, separa las ramas, ahuyenta a las pequeñas vacas que quisieran matarme, quiebra a los bichos del rocío- ellos desaparecen y aparecen enseguida. Pero, cuando sale el sol y brilla la corona de los campos, se aleja; allá, entre las matas, alguien pasa; la carretera roja y la escuela. Siempre anduve sola.¨


(poema 2 de La Guerra de los Huertos)



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Aca pueden leer Las chicas de letras se masturban asi, 1 columna mensual de una inteligente cronista (look Elizabeth BernaciconIdeas) pero los nºs anteriores me gustaron màs. Y ! Las partes y el Todo, una nota del sagrado Christian ·SinDios· Ferrer en donde explica que la pornografía también tiene corazón ( ¨...a pesar de gemidos y discursos guturales todo se parece a una película muda compaginada por un anarquista: la sombra chinesca predomina sobre el alboroto y la acefalía acaba coronada ...¨)

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5 comentarios:

Anónimo dijo...

La Guerra de los Huertos de 1971, Adriana Hidalgo Editora.

jimena dijo...

qué preciosos los textos de marosa! no sé por qué me dan ganas de comerlos. lo del trigal de estrellas, lo del dulce, qué sé yo, me da una sensación panaderil, si cabe la expresión.

(espero que no venga brauer a decir que soy una pelotuda)

saludos,

Anónimo dijo...

tiene mucho campanelli cariñoso ella, se la pasaria comiendo

paula dijo...

hola Jimena, no tenes + ¨Baliverna¨?

jimena dijo...

sí. comiendo, sí.

hola paula.
sí, baliverna sigue estando donde estuvo siempre, en baliverna.blogspot.etc. por?